
A mis fieles lectores, una vez más nos encontramos en estas desprolijas líneas que conforman nuestra querida editorial. Estamos en tiempos de cambios en muchos niveles, desde los más “esotéricos” hasta los más mundanos y concretos. Es por esto que quiero llevarlos a reflexionar y re pensar este tema del cambio de personaje.
Por supuesto, este reflexivo Director no va a permitir que salgamos de la línea en las que los tengo habituados, por eso, si, vamos sin escalas a nuestra meta de cada mes, la reflexión.
“Pero Sr. Director: ¿a qué se refiere con esto del cambio de personaje?”
Bajo mi mirada, esta idea de cambio, tiene que ver con que a veces no, perdón, siempre las etapas terminan y comienzan nuevas. Proyectos, ya sea de vida, laborales, amorosos -sí, una pareja es un proyecto también- o metas de cualquier índole que nos propongamos tienen un final. Y cuando llegamos a final de una carrera, a la fórmula uno, por poner un ejemplo automovilístico (?), debemos cambiarle el motor, las ruedas, etc., es decir, debemos hacer cambios profundos en él.
Los seres humanos necesitamos ir resurgiendo y cambiando cada vez que cerramos etapas en nuestras vidas. Echando mano de algunos ejemplos podría mencionar a quien emigra en busca de una nueva vida, por supuesto que no será el mismo, en su forma de manejarse, que como lo era en su país de origen; hay que hacer uso de la resiliencia. Otro ejemplo podría ser el estudiante que termina sus estudios y se convierte en profesional, no pasa a ser “otra persona” de manera literal, pero si tiene que generar cambios en su impronta, ¿por qué? porque ya no es estudiante, ahora es dueño de un buffet de abogados -un ejemplo extremo-.
Aquí, mis fieles lectores, es donde viene el llamado a la reflexión. Muchas veces en la vida sucede que debemos ser otra persona.
-Espere Sr. Director, ¿cómo que otra persona? Ud. se está poniendo, cuanto menos un poco turbio…
Aclarando el punto. No vamos a sacar pasaportes falsos. Simplemente es un cambio de actitud frente a nuevas etapas de la vida. Puedo apostar que alguien ha llegado a un punto en la vida donde puede sentirse estancado, “no le encuentra la vuelta”, las cosas ya no funcionan y se corre grave peligro de comenzar a quedarse quieto, no se avanza. Esto es un gran enemigo porque tiene consecuencias graves.
La propuesta es justamente, como podría hacerse en un guión, armar el personaje. Esto es un proceso serio y a conciencia. El “avatar” que me trajo hasta aquí ya no funciona, ya me dio todo o que podía darme, ya me ayudó a llegar, a crecer, a aprender, en fin, a vivir. Ahora necesito otro. Dicen por ahí que es un proceso de gran introspección, es algo muy íntimo y personal, y conviene hacerlo en un hermoso lugar, relajado y bebiendo un rico café de especialidad (Detalle de quien suscribe) ya que es un cambio grande el que se gesta y como todo este tipo de cambios debe nacer desde un lugar donde nos sintamos cómodos y felices.
Un cambio siempre tiene que venir desde el deseo o el anhelo de algo, por ejemplo, soy un ingeniero, tengo un buen trabajo, soy exitoso, pero no me llena, no me siento completo. A mí me gusta la literatura, me gusta y me hace viajar, me desconecta, me hace sentir muy bien a nivel alma. Bueno, ahí tenemos la necesidad de un cambio de personaje. A veces es necesario patear el tablero y a veces con pequeños cambios podemos hacer grandes aportes de felicidad a nuestro corazón.
Como en la TV, aquí la cantidad de palabras es tirana por lo que debo dejar en este punto. Es un hermoso tema para seguir desarrollando.
En concordancia con estas líneas, recuerden que tenemos la obligación de ser felices.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Argentina
Ignacio Bucsinszky
Este artículo esta publicado en el boletín digital, número 65, que corresponde al mes de abril de 2025.